martes, 10 de febrero de 2009

LAICONVOCADOS: Un doble desastre en el Vaticano: de gobierno y de comunicación

LAICONVOCADOS: Un doble desastre en el Vaticano: de gobierno y de comunicación

Interesante y completa mirada, esta que publican en la "bitácora vecina".
Creemos necesario compartir visiones, ya que no podemos creernos dueños de la verdad.
Por eso mesmo, invitamos a los Ecuménicos a darse una vuelta por Laiconvocados, y si hallamos otras perlitas, las socializaremos!

Los (sugestivos) criterios de noticiabilidad II

Ayer estaba enterado del tema de esta excomunión, que para mí es una noticia más que secundaria, hasta diría sin importancia alguna; no podía creer que se haya puesto como la más importante, ¿No hay ningún problema en el mundo más grave que un pusilánime energúmeno que tiene en el país menos seguidores que un equipo de la D?
¿No es mucho más grave para la comunidad judía que exista un jefe de Estado, muy amigo de líderes latinoamericanos y de sectores retrógados de la izquierda vernácula, que niega en forma constante la Shoá?
¿No es peor para el pueblo judío que se defenestre constantemente a Israel y se dude de su derecho a existir?
Nunca me voy a olvidar de una primera plana que hablaba sobre el "Auge de ventas en los Shoppings por Navidad", pos eso en muchos casos son los medios quienes deciden que noticia es la importante.

lunes, 9 de febrero de 2009

Los (sugestivos) criterios de noticiabilidad

Comparto artículo publicado en La Nación el viernes p.pdo. (febrero 6 de 2009).
El mismo despertó gran interés en los lectores (215 comentarios y 322 respuestas). Estas cifras hablan de una atención desmedida, cercana al paroxismo. Pero el tema ha sido puesto en la palestra, un poco por la carencia de noticias propias de un febrero, y otro tanto por la pelota que dejaran servida en el área chica, presta a convertirse en un gol al alcance de la patada de cualquier patadura.

Respeto terriblemente a la corresponsal de marras, pero (creo) se suma al océano de notas que hacen leña de un árbol caído (el caso Williamson), y desconocen el gran laburo que hacen otros sectores, que intentan capear el temporal que ocasionó este infeliz hecho.

José Ignacio López destaca hoy (Honrar a Klenicki, ahondar el diálogo, en La Nación),la figura del rabino León Klenicki, que será recordado en una celebración presidida por Bergoglio en la Catedral, esta tarde a las 19 hs. 

Sólo saldremos del berenjenal mirando pa' todos los costados, y no eternizándonos en mirar hacia atrás. Cara y ceca de la moneda ...

Elisabetta Piqué
Corresponsal en Roma

ROMA.? Pese a la tormenta que se desató en los últimos días sobre el Vaticano y a la retractación pública que antayer le exigió el Papa al obispo negacionista Richard Williamson, el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán definió ayer las declaraciones del prelado británico como una "tontería".

En una entrevista con La Nacion, en su residencia romana ?acordada para hablar sobre el caso de Eluana Englaro, la mujer italiana en coma irreversible (ver aparte)?, el purpurado y virtual ministro de Salud del gabinete de Benedicto XVI dijo que había que "redimensionar" los hechos. Relativizó el escándalo y aseguró que las "malas" opiniones del obispo ultratradicionalista, que fueron "desenterradas" por los medios con "mala leche" [sic], eran una "tontería", ningún pecado grave.

Como es sabido, en una entrevista con la televisión sueca difundida el 21 de enero, el mismo día de la firma del decreto con el que Benedicto XVI levantó la excomunión a los obispos ordenados sin autorización por el ultratradicionalista Marcel Lefebvre (fundador de la Fraternidad San Pío X) en 1988, Williamson puso en duda el Holocausto. Dijo que las cámaras de gas de los campos de concentración nazi funcionaban para desinfectar a los prisioneros, y que sólo entre 200.000 y 300.000 judíos fueron asesinados.

En contraste con el comunicado difundido anteayer por la Secretaría de Estado de la Santa Sede, el cardenal Barragán aseguró, además, que los cuatro obispos lefebvristas rehabilitados por el Papa firmaron antes un documento en el que reconocieron las enseñanzas del Concilio Vaticano II y otros puntos en discusión.

-¿Qué opina de la famosa excomunión de los lefebvristas?

-Es un tema muy espinoso. Yo tengo conocidos, no de segunda, sino de primerísima mano, que dicen que este obispo Williamson expresó esa opinión siguiendo una teoría inglesa que dice eso que dijo Williamson hace un año, en algo que quedó archivado, por decirlo así. Ahora, el papa Benedicto XVI ha hecho lo posible para que no haya un cisma. Entonces, cuatro obispos pertenecientes a esta asociación que se llama Pío X firmaron lo que era necesario firmar: el reconocimiento del Concilio Vaticano II y del rito de la misa, porque ellos solamente querían la misa del rito tridentino o el de Juan XXIII, que después la reformó un poquito, y decían que la misa como la celebramos ahora era herética, que el papa no era el papa, que los papas se habían acabado con Pío XII y todas esas cosas. Entonces, estos obispos reconocieron que todas estas posiciones estaban mal.

-¿Y eso ya lo firmaron?

-Sí, ellos firmaron y fueron reconocidos de nuevo como obispos y el Papa les levantó la excomunión. Cuando esto sucedió, desenterraron algo del obispo Williamson, que había opinado malamente hace un año y, como dicen en la Argentina, con mala leche, lo unieron con la excomunión y dijeron que Benedicto XVI la había levantado, aunque estos fueran en contra de los israelíes y no reconocieran la shoá (Holocausto). Estos fueron los hechos. Por eso, yo digo que hay que redimensionar: una cosa es que el obispo Williamson haya dicho una tontería, la dijo, ya, hace un año.

-Al parecer, la dijo muchas veces, ya que en Canadá estuvo a punto de ser procesado en 1989?

-Pero otra cosa es que por eso el Papa les haya levantado la excomunión; es como que lo ligan. Pero el Papa levanta la excomunión porque reconocen puntos básicos que obstaculizaban la comunión católica. Ahora, una persona, cualquiera de nosotros, puede decir una tontería, sí, ¿y ya por eso lo van a excomulgar? En la Iglesia sabemos que existe el pecado y decir una tontería es un pecado, pero no todos los pecados llevan a la excomunión, sino sólo los pecados más graves. Antiguamente, eran las tres aes: apostasía, asesinato y adulterio. Ahora, el Código de Derecho Canónico dice exactamente cuáles son los pecados que llevan a la excomunión, por ejemplo, el aborto consciente, y hay otros, pero son pocos. ¿Decir una tontería es un pecado? Sí, si se hace con conciencia y maldad. Pero no por eso una persona va a ser excomulgada. ¿Y por eso el Papa va a estar de acuerdo? El Papa no está de acuerdo y lo ha dicho muchisimas veces. El Papa ha reconocido la shoá. Otra cosa es que lamentemos esas destrucciones terribles que están haciendo en la Franja de Gaza, y lamentemos también que Hamas esté mandando misiles, asesinando a gente inocente. Es una situación tremenda.

-Volviendo al tema de Williamson, ¿qué pasó en la maquinaria vaticana, una de las mejores del mundo, para que hubiera semejante error? En el comunicado de la Secretaría de Estado, se dice que el Papa ignoraba las posiciones de Williamson sobre el Holocausto?

-Sí.

-Pero entonces hay algo que no funciona en la Curia o en el entorno del Papa?

-Bueno, es que nosotros no tenemos el FBI. [Risas.]

-Pero si uno va a Internet, en Google se encuentra enseguida la información sobre los antecedentes de Williamson?

-Bueno, pero le repito que una persona queda fuera de la Iglesia Católica cuando desconoce esencialmente los puntos básicos de la Iglesia Católica, no porque cometa un pecado. Un adúltero, por ejemplo, no queda fuera de la Iglesia. Un divorciado vuelto a casar no queda fuera de la Iglesia Católica, y así sucesivamente. Son pecados muy especiales, pocos, por los cuales alguien queda fuera de la Iglesia Católica.

-Pero ¿entiende la indignación de la comunidad judía?

-Sí, ¡cómo no! Recuerde que el campo de Auschwitz fue una aniquilación enorme de todos los que no fueran de la raza aria. Estuvieron muchísimos judíos, pero también católicos -ahí está el padre Maximiliano Kolbe-; estuvieron muchos gitanos, muchos latinos. Claro, era una especial animadversión contra los judíos, pero no sólo eso.

Sin contacto en la Iglesia argentina

  • El vocero de la Conferencia Episcopal, padre Jorge Oesterheld, afirmó ayer que la Iglesia en la Argentina "no mantiene absolutamente ningún contacto institucional con los seguidores de Marcel Lefebvre" y negó que miembros de ese grupo ultraconservador hubieran solicitado una audiencia con el cardenal Jorge Bergoglio, como había trascendido en algunos medios periodísticos.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Broli recomendado

Estuve conversando con Alberto Barlocci, persona lúcida y dispuesta a compartir opiniones y buenas recomendaciones.
Como fué taxativo sobre la calidad del libro Coloquios nocturnos en Jerusalén de Carlo Martini y Georg Sporschill, obedientemente fui a la librería y me dispuse a su lectura. Para variar, la sugerencia de Alberto fué certera. Por eso, hoy la comparto con el resto de la comunidad ecuménico-bitacorera.
 
¿Más data?
 
Carlo María Martini estuvo a un tris de suceder a Karol Wojtyla en el cónclave que acabó eligiendo a Josep Ratzinger como cabeza visible de la Iglesia Católica. Se conocen perfectamente los datos de aquella votación dramática, solamente solucionada por la decisión radical del jesuita trentino de leer el paso de Dios por su vida en los efectos evidentes del Parkinson que ya comenzaba a dominarle. Prácticamente después de la reunión cardenalicia, se retiraba a Jerusalén y al Instituto Bíblico de la Compañía de Jesús en la ciudad santa, donde había sido autoridad máxima para, en palabras suyas: "prepararme para el encuentro misterioso y definitivo con mi Dios, después de haberle servido con tanta intensidad durante largos años: es el momento de entregarme a la eternidad con la mayor pureza posible".

Y en este preciso momento, la Editorial San Pablo, como regalo para todos sus posibles lectores, acaba de lanzar la traducción castellana de Coloquios nocturnos en Jerusalén, donde Martini, ya enfermo, responde a las preguntas de otro jesuita, el P. Georg Sporschill, quien le transfiere una serie de cuestiones elaboradas por jóvenes con los que el interrogante trata diariamente.

Preguntas tan elementales como determinantes para la vida de tales hombres y mujeres que desean encontrar respuesta a sus inquietudes. Unas inquietudes que son las de cualquier generación, pero con matices específicos por la extraña situación que ellos y nosotros vivimos en un mundo tan fascinante como caótico. Y el cardenal responde con una libertad desconcertante, a la vez que aprovecha para hablar de su experiencia como obispo de la Iglesia Católica y como intelectual europeo en una Europa perdida en sus propios fantasmas y que apetece renegar de sus raíces.

Bajo la luna bíblica de Jerusalén, entre estos dos hombres se establece una excelente química que obtiene como resultado algo muy sencillo de escribir y muy difícil de encontrar en la actualidad eclesial: la confesión sincerísima y del todo inteligible de quien ha sido un personaje fundamental en la reflexión religiosa y cristiana y católica en los últimos cuarenta años.

En resumen, el cardenal tan enfermo como lúcido, nos dice que los católicos dedicamos demasiado tiempo a mirarnos el ombligo en lugar de pasar a la acción evangelizadora en esta sociedad pagana en la que ya estamos hundidos, sobre todo los occidentales y desarrollados. Todo está escrito y dicho en el Vaticano II, y solamente se trata de sacar las oportunas consecuencias, tal vez en un nuevo concilio que se plantearía qué hacer como testigos de Jesucristo en esta diferente sociedad, para entrar en contacto real y objetivo con las inquietudes de las personas que nos rodean y no tan solo obsesionados con nuestras propias inquietudes.

Porque de lo contrario, carecemos de autoridad moral para censurar, para profetizar y hasta para proponer: si no respondemos a lo que nos preguntan ¿para qué estamos donde estamos? Pero Martini habla siempre con respecto infinito por la Iglesia, que es su propia Iglesia, y no menos con un afecto encendido a la humanidad y su sociedad, de la que afirma una y otra vez formar parte.

Es una delicia leer este texto ungido de inteligencia, de diagnóstico y sobre todo de un distanciamiento ya crítico admirable. No en vano, el cardenal responde desde el umbral de lo eterno. Rotas las amarras del poder, del honor y de la riqueza, las tres grandes tentaciones que Ignacio de Loyola plantea en los Ejercicios Espirituales, a los que deberíamos volver si fuéramos inteligentes y creyentes de verdad.

Este libro, en fin, breve y sencillo, en ocasiones con toques de un humor muy italiano del norte, sirve para relativizar tantas dramatizaciones como los católicos llevamos a cabo en la España actual, al intentar responder al laicismo rampante con idéntica crispación. Y al paso de sus páginas, uno comprende (y se ratifica) que hay que volver a Pablo de Tarso: proponer una y otra vez a Jesucristo como un valor histórico que todo lo abarca para quien se entrega a la experiencia radical en la fe en Él. Sin angustias en caso de ser rechazados.

Porque a estas alturas, como dice el cardenal Martini, el hombre adulto occidental, que dice estar liberado por completo de aprioris dominantes, es muy dueño de aceptar o rechazar a Jesucristo: nuestra obligación es proponerlo en respuesta a las demandas históricas, y cada uno verá desde el ámbito completamente respetable de su libertad. Con un aditamento del todo necesario: hay que trabajar para que este Jesucristo se vehicule a través de una Iglesia Católica aceptable, es decir, puesta en medio de esta hoguera encendida que es la sociedad, como quien regala y nunca como quien obliga.

Por favor, entréguense a la lectura de estos Coloquios nocturnos en Jerusalén. Respirarán el aire fresco de un futuro posible. Y ya nunca olvidarán a Carlo María Martini, cardenal de la Santa Iglesia.

(Fuente: Diario de Mallorca, 25/09/2008)

Una respuesta inteligente

Por el tema de los partidarios de Lefebvre me parece muy interesante la respuesta de Guillermo Marcó en La Nación

El diálogo y la religión
Guillermo Marco
Para LA NACION


Es importante tratar de esclarecer los temas complejos, como lo es el de la excomunión y la controversia de monseñor Lefebvre y el Vaticano.

Trataré de ilustrar quiénes son los actores en juego para intentar después analizar el fondo del problema. Marcel-François Lefebvre -nacido en Francia en 1905 y muerto en Suiza en 1991-, tras una carrera como misionero en Africa fue ordenado obispo y participó del Concilio Vaticano II; allí se enfrentó con sus compañeros en el episcopado y llegó a desobedecer al Papa por las reformas doctrinales y disciplinares introducidas en la Iglesia tras el Concilio, que a su parecer rompían con la tradición enseñada por San Pío X y Pío XII. Fundó la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, después de renunciar a su cargo de superior general de su congregación en 1968. Y, en 1971, fundó en Friburgo (Suiza), con la anuencia del obispo del lugar, una casa de formación sacerdotal.

El episcopado francés elevó un pedido para que se le hiciera cerrar el seminario y dispersar a los seminaristas, a los que prosiguió formando hasta las puertas del sacerdocio. En 1976, recibió una advertencia canónica para que no procediera a la ordenación de la primer promoción de jóvenes. Como la desoyó fue suspendido ad divinis el 22 de julio de 1976. El 29 de agosto de 1976, monseñor Lefebvre celebró la misa de Lille en la que declaró: "No se puede dialogar con los masones o con los comunistas, no se dialoga con el diablo!"

Cuando, en la reunión ecuménica de Asís de 1986, Juan Pablo II rezó junto a los líderes de otras religiones por la paz, monseñor Lefebvre, ya octogenario, confiesa que se le acaba el tiempo para nombrar un sucesor en el episcopado, tras una serie de reuniones con autoridades romanas, donde se le aseguró que el papa Juan Pablo II no se oponía, en principio, a darle un sucesor, se bosquejó un proyecto de acuerdo. Pero tan pronto como estampó su firma en el documento, el entonces cardenal Ratzinger solicitó de él una carta pidiendo perdón al Papa por la serie de conflictos que había provocado. Tras negarse a hacerlo, decide, asemás, consagrar cuatro obispos escogidos de entre miembros de su congregación: los padres Alfonso de Galarreta (hispano-argentino), Bernard Fellay (suizo), Richard Williamson (inglés) y Bernard Tissier de Mallerais (francés).

Los puntos en los que monseñor Lefebvre no transigía eran sobre todo cuatro.

1- El nuevo ritual de la misa (el Concilio Vaticano II consideró que el latín tradicional en que se celebraba el rito de San Pío V era ya una adaptación a la lengua popular, el latín se hablaba en el Imperio Romano no en Judea, Jesús celebró la misa en arameo, por lo tanto era posible traducir la liturgia a las lenguas de cada pueblo y celebrarla de cara a la gente). Los lefebristas siguen aferrados a la anterior tradición. El papa Benedicto XVI aceptó que, aunque es preferible la celebración en la propia lengua, podía hacerse también lo que por siglos estuvo permitido.

2- La apertura a otros que creen en Jesús, pero no son católicos. Lo que implica el diálogo con las iglesias separadas. El Concilio marcó una diferencia entre quienes promovieron la ruptura y aquellos que nacieron en esas iglesias y dan testimonio de Jesús. Para los lefebvristas son herejes, ya que, según ellos, fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.

3- La libertad religiosa que presupone el diálogo y el respeto para los que creen de diferentes formas: judíos, islámicos budistas y los cultos de otros pueblos. Los tradicionalistas creen que solo la Iglesia tiene la verdad, por lo tanto, con el resto no hay nada que dialogar, hay que convertirlos porque viven en el error.

4- Que el Papa sea el primero entre sus pares, pero que los obispos, reunidos puedan expresar mejor la catolicidad en la pluralidad de culturas y situaciones. Los tradicionalistas creen en la autoridad única del Papa sobre la Iglesia. Paradójicamente, Lefebvre desobedeció la autoridad papal.

La Iglesia católica creó una comisión especial para estudiar la situación canónica de la Fraternidad San Pío X, presidida por el cardenal Darío Castrillón Hoyos, fue esta comisión, con el aval del Papa, la que levantó la excomunión que pesaba sobre los miembros de la fraternidad y sus obispos, ordenados sin designación de la Santa Sede. Eso no significa que el Vaticano esté de acuerdo con las declaraciones de las personas en cuestión, ya que la excomunión no pesaba sobre ellos por antisemitismo. El obispo Richard Williamson, quien negó las cámaras de gas durante el Holocausto, cometió un desatino mayúsculo y cayó por su ideología en falsear la verdad, basta visitar los campos de concentración que aún existen para dimensionar una tragedia que no se puede soslayar sin ofender gravemente la memoria colectiva de la humanidad. No representa el pensamiento de la Iglesia y, para dejarlo claro, el Papa, en recientes declaraciones, volvió a afirmar: "El Holocausto sea para todos un llamado contra el olvido, la negación o el reduccionismo, porque la violencia hecha contra un solo ser humano es violencia contra todos". "El Holocausto -agregó- enseñe especialmente a las viejas como a las nuevas generaciones que sólo el difícil camino de la escucha y el diálogo, del amor y del perdón conduce a los pueblos, las culturas y las religiones del mundo a la deseada meta de la fraternidad y de la paz en la verdad". El Gran Rabinato de Israel declaró la ruptura de las relaciones con el Vaticano, la medida de los ortodoxos judíos es por tiempo indefinido.

Los fundamentalismos son malos de un lado y del otro, el pensamiento de Williamson no es el de la Iglesia, la respuesta de un grupo de rabinos ortodoxos no involucra a todos los judíos, mucho más cuando sus expresiones no son colegiadas con el resto de los rabinos ni tienen autoridad sobre ellos. Para la gran mayoría de los creyentes, el camino de diálogo interreligioso que hemos continuado, inspirados en el ejemplo del Concilio Vaticano II y de Juan Pablo II, de bendita memoria, no tiene retorno. Quizás monseñor Williamson debería visitar -para reflexionar sobre sus expresiones- la capilla de la Virgen de Luján en la Catedral de Buenos Aires; allí, detrás de un vidrio, se exponen restos de páginas de libros de oración rescatados de los campos de concentración, Dios sigue amando a todos sus hijos, sean judíos, islámicos, católicos o ateos. La misión de la Iglesia es tender puentes para la salvación, no encerrarse a ver quiénes son los que se quedan afuera.

Las opiniones vertidas por algunos no expresan la opinión de todos, es por eso que en un mundo dividido y desorientado debemos ser cuidadosos a la hora de generalizar. Los judíos no han roto con el Vaticano ni la Iglesia niega el Holocausto.

Esperemos que dentro de la Iglesia siga la actitud de acercamiento a todas las tendencias y sectores del catolicismo y no sólo a los grupos más conservadores. Para ello sería muy deseable que se realizaran algunos gestos concretos con grupos más progresistas, al igual que los realizados con los sectores tradicionalistas y cismáticos de monseñor Lefebvre.

El autor es codirector del Instituto del Diálogo Interreligioso

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Después de dos semanas vuelvo a entrar a este espacio, me encuentro con dos artículos muy interesantes que son dos temas muy actuales.
Por una lado es muy interesante la visión de Quique respecto de la decisión del Papa Benedicto XVI de suspender la excomunión a religiosos que entre otras cosas niegan la Shoá, cómo judío podría reprobar esta decisión; sin embargo mi opinión es la misma que pienso que se debe tener en el conflicto entre el Estado de Israel y el grupo terrorista Hamás, que lamentablemente produjo muchos muertos civiles inocentes: no se puede opinar sin conocer bien todo el escenario; en el caso del conflicto en Gaza se puede hablar de respuesta desmedida ante los ataques de un grupo terrorista; pero ninguno de nosotros conoce con agudeza los detalles que llevaron a esta decisión para la defensa de la población civil en el sur de Israel y por otra parte pocos medios resaltan que Hamas se trata de un grupo terrorista y no un partido político; esta organización además de lanzar cohetes a poblaciones como Sderot, Ashkelon y Beer Sheva entre otras también produjo cientos de víctimas civiles en atentados terroristas; por supuesto que en ningún momento pongo en discusión el derecho del pueblo palestino a su estado sino que cuando se critica a Israel por su metodología hay que tener en cuenta que la guerra no es contra un ejército regular de un estado árabe sino contra un grupo terrorista.
Respecto de la decisión de Benedicto XVI, opino de manera similar; no conozco en absoluto el derecho canónico católico; ni los procedimientos a tomar, ni las políticas del Vaticano; sería apresurado vertir una opinión, no obstante creo que es sumamente execrable las declaraciones de estos religiosos expulsados en su momento por Juan Pablo II, no sólo para los judíos sino también para los cristianos; algo que en absoluto tiene que ver con el espíritu ni con las enseñanzas de personas como Jesús, María, José y San Juan Bautista entre otros que pertenecían y amaban al pueblo judío.

Dos fechas, dos hombres para no olvidar

La Fundacion Raoul Wallenberg recuerda a Martin Luther King, el adalid de la Paz, y a Raoul Wallenberg, salvador de decenas de miles de vidas en la Hungría ocupada por el nazismo.
El 15 de enero se cumplen 80 años del nacimiento de Martin Luther King, el adalid de la Paz, el más lúcido de los luchadores por la libertad del pueblo negro y predicador de la hermandad de todos los pueblos, asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis por el homicida James Earl Ray.
Asimismo, el 17 de enero se recuerda el 64º aniversario de la desaparición de Raoul Wallenberg, salvador de decenas de miles de vidas en la Hungría ocupada por el nazismo. Wallenberg es el paradigma moderno de la figura del detenido-desaparecido, tristemente popular en la Argentina. Su rastro se pierde en el Gulag soviético y, hasta el día de hoy, su destino es un misterio.
Ambos nombres, ambos hombres, King-Wallenberg, remiten a la solidaridad y al coraje cívico como valores universales que se contraponen al despotismo y al avasallamiento de las libertades individuales.
La Fundación Wallenberg recordará a estos dos notables personajes de la historia moderna el próximo 21 de enero junto a la estatua que rinde homenaje al diplomático sueco, en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y la calle Austria, en la Ciudad de Buenos Aires.
Baruj Tenembaum Fundacion Raoul Wallenberg www.raoulwallenberg.net