lunes, 7 de julio de 2008

Después de Chiara, al frente estará SIEMPRE una mujer

Comparto semblanza de Franca Zamboni, que llegara a mis manos vía mail desde lo más profundo de las sierras cordobesas, primero a través de Ana Goya, y luego a través de Cristina González.

Hoy que contamos con una reciente sucesora de Chiara [María Voce [Emmaus] como presidente y Giancarlo Falletti como co-presidente], sirve para ver hacia atrás, el valiosísimo instrumento no solo de la unidad, sino de la continuidad del movimiento focolar, y cúan acertada estuvo la fundadora, al no preocuparse por lo que vendría, sino por el presente.

¡Ella si que dejaba fluir el universo!, y por eso estaba confiada en que las cosas seguirían, no por inercia, sino por polenta colectiva.


"En los comienzos del movimiento, estuvieron los temores de los obispos por la presencia femenina y la confidencia excesiva. Luego llegó el Concilio.
De acuerdo a una regla no escrita del periodismo, cuando no existe noticia, se la inventa.
Después de la muerte de Chiara algunos periódicos han elucubrado, con un poco de fantasía, el nombre de quien le sucederá.
De hecho, Chiara no dejó ninguna indicación, al contrario de don Giusani, el fundador de Comunión y Liberación, que designó su sucesor.
La elección se hará [y así se hizo], de otra forma.
En este año, los focolarinos desparramados por el mundo elegirán las delegaciones que van a mandar a Roma, donde se hará la votación para la nueva presidente junto a los miembros del Consejo Central, o sea los colaboradores más directos.
Según los estatutos, la presidente será una mujer, mientras los miembros del Consejo serán mitad mujeres y mitad hombres.
Por lo tanto, por elección de Chiara, el jefe (capo) del Movimiento será siempre una jefa (capa), para decirlo con una palabra de ella: ella las llamaba jefas (cape) a las dirigentes.
Consiguió de Juan Pablo II que esa norma estuviese puesta en los estatutos.
Chiara me dijo en una entrevista: Es una novedad que confirma como una mujer, aun no habiendo recibido el Orden Sagrado, pueda presidir un organismo eclesial al que pertenecen también sacerdotes y religiosos, e incluso un buen número de obispos.
Nos hace entrever nuevos horizontes en la Iglesia.
Sus ideas sobre la presencia femenina, en la Iglesia como sociedad, eran resueltas y anticipadoras: las mujeres son activas en todos los campos de trabajo.
Saben que no gozan plenamente de sus derechos, por eso se comprometen a ejercerlos.

Es necesario ponerse con todo. En muchas, demasiadas culturas, la mujer vive absolutamente en estado de esclavitud. Además no olvidamos el valor unificador, la búsqueda de concordia, típico del ser femenino…

La espiritualidad de Chiara seguía siempre al pie de la letra las enseñanzas del Maestro: Jesús habla a las mujeres de cosas muy profundas, aun a las pecadoras, con tal inmediatez y simplicidad que escandalizaba incluso a los apóstoles. Años atrás, incluso los obispos se preocuparon, por no decir "escandalizados" por la numerosa presencia de mujeres en los focolares. La conferencia episcopal puso bajo la lupa al movimiento. Por ejemplo en 1957 las voces inquietas fueron muchas. Se maravillaban que eran las mujeres que hacían de maestras del espíritu, dijo Monseñor Traglia. La mezcla es peligrosa, se lamentaba monseñor Albanesi. Los focolarinos son buenas personas y, un por uno, incluso excelentes. Pero hay una excesiva promiscuidad…, observaba monseñor Montini. Lanzó las conclusiones el cardenal Siri, pidiendo una comisión investigadora para esclarecer, además de otras dudas, si existe este sentido de familiaridad, aunque sea solo espiritual, entre los dos sexos. Eran otros tiempos, otra mentalidad. Pero todas las nubes desaparecieron.

Luego vendrá Juan XXIII, con el Concilio que abrirá las puertas a los laicos, hombres y mujeres.
Vendrá Juan Pablo II y su Mulieris dignitatem, la Carta a las mujeres que nos conquistó, a creyentes y no creyentes.

El 30 de abril de 1995. el papa Wojtyla se encontró en Trento con jóvenes de los focolares juntos con los de Comunión y Liberación. Hizo un discurso, improvisó un diálogo serio y con algunas bromas, como era su estilo: Chiara nació aquí, Chiara trentina… Conozco las especialidades, la cocina de Chiara, la cocina de Giussani…

Así la Iglesia crece. Crece aun poniendo a una mujer al frente del movimiento laico más difundido en el mundo.

UNA LLAMA

La última vez que me encontré con Chiara fue en noviembre de 2003, los Focolares festejaban los 60 años del Movimiento y este era el motivo de la entrevista.

Para recordar lo que me dijo me la tendría que volver a leer, sin embargo resulta inolvidable la afectuosidad que una vez más me demostró. Me tomaba del brazo, no para sostenerse sino por confidencia, mientras hablábamos caminando por el jardín; me preguntaba por mí y por mi vida, como se acostumbra con una amiga; y en la foto que nos sacaron me aprieta las manos entre las suyas. La capacidad de amar era natural en ella como la respiración. Una gracia innata, una fuerza serena y comprometedora para cualquiera que se haya encontrado con Chiara aunque sea una sola vez.

Para decirlo con una frase de San Agustín que a ella le gustaba recordar, una llama que funde juntas a las almas y de muchas las hace una sola".

Franca Zambonini

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